A las puertas de cumplir su primer centenario de historia, el núcleo ejidal de Chapantongo, Hidalgo, vive un relevo histórico liderado por una mujer. Con el reto de modernizar la producción agrícola, actualizar las normas internas y abrir camino a las nuevas generaciones, Aracely Salas Hernández asume las riendas de un sector tradicionalmente dominado por hombres.
Por: José Alejandro Torres Castañeda
Chapantongo, Hidalgo.- Fundado aproximadamente en 1928, el Ejido de Chapantongo se aproxima a celebrar sus 100 años de vida, con 265 ejidatarios registrados jurídicamente. Sin embargo, en casi un siglo de existencia, la toma de decisiones siempre estuvo reservada para los varones de la comunidad.
Ese paradigma cambió el pasado 12 de abril. Tras el lamentable fallecimiento en funciones del entonces comisario Carlos Domínguez, y de acuerdo con los procesos de ley agraria, la asamblea ejidal eligió a Aracely Salas Hernández como la primera presidenta del Comisariado Ejidal en la historia de la demarcación.
Un reto doble: Liderar en una comunidad con arraigo tradicional
Asumir la dirigencia no fue una tarea sencilla. El padrón del ejido está integrado en un 70% por adultos mayores, un sector con un arraigo cultural donde las riendas del campo tradicionalmente las han llevado los hombres.
“Como mujer es un reto doble. Llegas con la bandera de ser la primera y debes hacer las cosas bien para dejar el camino abierto a las futuras compañeras o a las hijas de los ejidatarios”, comparte Hernández en entrevista.
A pesar de que inicialmente se topó con comentarios escépticos como “usted no conoce de ejido”, su respuesta fue contundente: trabajar y aprender. A tres meses de haber tomado el cargo, la confianza de la comunidad se refleja en los números. La asistencia a las asambleas mensuales ha aumentado de 40 personas a más de 70 ejidatarios activos, quienes hoy participan de la mano con el comité —completado por el profesor Leonel y el señor Genaro, secretario y tesorero respectivamente— en un ambiente de equidad y absoluto respeto.
Modernización del campo: Gestión de nueva maquinaria
La principal actividad económica de la región se concentra en la siembra de maíz, frijol y la ganadería. No obstante, el crecimiento del campo se ha visto frenado por el desgaste de sus herramientas de trabajo.
Una de las prioridades de la gestión de Hernández es la adquisición de una nueva empacadora de forraje. La maquinaria actual tiene más de 22 años de uso y presenta fallas constantes que retrasan la producción.
“Nuestra empacadora es de alambre, se traba constantemente. Las modernas funcionan con hilo, son más rápidas y eficientes”, detalla la comisaria.
Para lograr esta compra —que beneficiará no solo a los ejidatarios con tarifas preferenciales sino también a productores particulares— el ejido ha implementado un plan de financiamiento mixto:
- Gestión municipal y estatal: Acercamiento con el presidente municipal de Chapantongo, quien ya comprometió su respaldo económico al proyecto.
- Gestión federal: Enlace con la Secretaría de Bienestar para incorporar proyectos concurrentes.
- Autofinanciamiento: Cooperaciones voluntarias y rifas organizadas por los propios ejidatarios.
Certeza jurídica y el regreso del amor por la tierra
Con un reglamento ejidal que lleva 19 años sin ser actualizado, otra de las grandes metas de la actual administración es la reestructuración de las normas internas de convivencia, derechos de paso y respeto de linderos. Esto se trabaja directamente con el visitador agrario local, aprovechando que Chapantongo es sede del único Centro de Atención Agraria en la región que atiende a municipios vecinos como Nopala y Tepetitlán.
Asimismo, se trabaja en la depuración y actualización del padrón ejidal. Debido a que la población de ejidatarios es de edad avanzada, uno de los grandes temores de la comisaria es la pérdida del relevo generacional y el desinterés de los jóvenes por el trabajo agrícola.
“Se ha ido perdiendo el amor por la tierra. A veces los herederos prefieren vender la parcela sin valorar el esfuerzo que costó conseguirla e históricamente cultivarla”, lamenta.
No obstante, confía en que su labor sirva para cambiar la mentalidad de los ejidatarios mayores al momento de designar sucesores: “Las mujeres sabemos cultivar; sabemos cuidar la tierra. Mi meta es que los padres vean en sus hijas una opción real de sucesión agraria”, concluye Hernández, extendiendo un llamado a las autoridades estatales y federales para que no dejen en el olvido el enorme potencial productivo y minero de Chapantongo.
































